
Viajar en la Edad Media no era un acto trivial. Las rutas eran inciertas, los mapas incompletos y los peligros abundaban tanto como las oportunidades. Sin embargo, miles de hombres y mujeres se lanzaron -o fueron lanzados- a los caminos movidos por la fe, la curiosidad, el comercio, la esclavitud, el deber o la simple […]
Fuente: INTECCA Comunicación.